Hay restaurantes que repiten fórmula. Y luego está Kabuki Madrid, que 26 años después de abrir su primer local sigue funcionando como un laboratorio creativo donde la cocina japonesa se reinterpreta sin perder identidad.
El grupo presenta nueva carta y no es un simple cambio de platos: es una declaración de intenciones. Bajo la dirección gastronómica de Alejandro Durán, el restaurante afina su propuesta con una cocina más precisa, más madura y con una mirada que va más allá de la clásica fusión.
Kabuki abrió en Madrid en el año 2000, cuando hablar de alta cocina japonesa en la capital era todavía territorio casi desconocido. Desde entonces, ha sido uno de los nombres que ha marcado el camino. Hoy, instalado en la calle Lagasca, en pleno barrio de Salamanca, el restaurante mantiene esa esencia pionera, pero con una evolución clara: menos experimento llamativo, más profundidad y técnica depurada.
UNA COCINA QUE VIAJA SIN PERDER EL ADN
La nueva etapa creativa deja atrás la etiqueta de “japo-cañí” para explorar territorios más amplios. Influencias orientales que van más allá de Japón, guiños latinoamericanos —muy presentes gracias al origen mexicano del chef— y una integración natural de sabores que sorprenden sin forzar.
En esta actualización aparecen platos que reflejan esa madurez creativa. Desde el sake no kumquat —un corte fino de salmón con ponzu de vainilla, puré de kumquat y ají amarillo fermentado— hasta un nigiri de lomo bajo a la robata con mole oaxaqueño. También hay espacio para combinaciones más inesperadas, como el nigiri de pescado blanco con salsa de miso y chocolate 70%.

La carta incorpora además propuestas con carácter propio como el Maguro Tonnato, un tataki de atún con salsa vitello tonnato, o el Akami Spicy con chamoy de orejones y umeboshi. Y para quienes buscan algo más desenfadado, aparecen guiños como los Chilli Jam Noodles —fideos al wok con langostino y salsa tailandesa— o el Katsu-sando de brioche con lomo bajo madurado y salsa yakiniku.
Todo bajo una misma idea: técnica impecable, respeto absoluto al producto y una elegancia que no necesita estridencias.

MÁS QUE UN RESTAURANTE, UNA FORMA DE COCINAR
Kabuki Madrid no vive de la nostalgia ni de los reconocimientos —aunque cuenta con un Sol Repsol y presencia en Guía Michelin— sino de la evolución constante. Lo interesante de esta nueva carta es que no busca sorprender por exceso, sino por precisión.
La Cocina Kabuki, como ellos mismos la entienden, no se repite: evoluciona. Y en esta nueva etapa se percibe una cocina más sólida, más segura y con una identidad completamente reconocible.

En una ciudad donde la oferta gastronómica no deja de crecer, Kabuki confirma que sigue siendo uno de los nombres clave cuando hablamos de alta cocina japonesa en España.
Y lo hace como mejor sabe: trabajando el tiempo, el producto y la técnica hasta convertir cada plato en una pieza pensada al milímetro.
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